jueves, 30 de septiembre de 2010

Ecuador


Ecuador vivió hoy un día de zozobra. Y junto con Ecuador Suramérica toda.
La aprobación de la Ley de Servicios Públicos que elimina algunos incentivos profesionales fue la escusa para que tropa de la policía y militares ecuatorianos salieran a las calles para protestar.
Lo que comenzó como un protesta, continuo con una agresión directa a Rafael Correa y finalizo con una batalla campal en el Hospital Policial
Ese es el pretexto, una Ley que supuestamente recortaría privilegios a la policía, pero convengamos que nadie en su sano juicio secuestra al Presidente durante doce horas y se involucra en una batalla a los tiros con las FF. AA. solo por dinero.
Detrás de este alzamiento se esconden motivos ideológicos e interés económicos que superan de sobre manera la aplicación de una ley.
Este alzamiento de fuerzas de seguridad se ligan con situaciones similares ocurridas en Venezuela, Bolivia y Honduras.
Curiosamente, o no tanto, en todos los casos dirigentes opositores y medios de comunicación ocuparon un rol importante. Los golpes han cambiado su forma y sus interpretes pero no sus objetivos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Medio Pan y un Libro



Hace un tiempo que mantengo un debate con algunos compañeros de trabajo en relación a que los reclamos salariales, que son justos y necesarios, no deben constituirse en el único tópico de las reivindicaciones.
Sostengo que antes - o a la par si se quiere- se deben exigir mejores condiciones de trabajo. Baños en buen estado, mobiliario en condiciones, insumos para desarrollar las tareas, capacitación permanente (y en mucho casos obligatoria) que haga posible brindar una mejor atención, actividades culturales y deportivas para el personal y otros reclamos que se presenten como superadores a las reivindicaciones de las meras condiciones económicas.
En resumen, reivindicaciones que tengan también un fuerte contenido cultural.
De pronto, hoy, me cruzó con esta alocución de Federico García Lorca que ahora comparto con ustedes.

FRAGMENTO DE: ALOCUCIÓN AL PUEBLO DE FUENTE

VAQUEROS .

“(…) No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita, ¿y dónde están esos libros?

(…) Por eso ¡No sabéis qué alegría tan grande me produce el poder inaugurar la biblioteca pública de Fuente Vaqueros! Una biblioteca que es una reunión de libros agrupados y seleccionados, que es una voz contra la ignorancia; una luz perenne contra la oscuridad.

Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo y dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor tuba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas las direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua en un estanque en día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerlo e inquietarlo y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia.