lunes, 8 de marzo de 2010

Consenso sin republicanismo ingenuo

La última semana se recalentó (si acaso eso es posible) el escenario político nacional.Desde el discurso de apertura de sesiones de la Presidente, seguido por la ¿amenaza? de no aprobar el pliego de Mercedes Marco del Pont, más la cadena nacional de la misma Cristina Kichner y las posteriores replicas el tono, las formas y el contenido del debate discursivo se elevo a niveles inéditos (tal vez solo replicables n el conflicto con las entidades agropecuarias).Esa oleada de declaraciones cruzadas inundó todos los medios a una velocidad y con un vértigo que hizo imposible tomarse algunos minutos para reflexionar posiciones, contradicciones, alternativas o al menos sensatez de cada una de ellas.Sin embargo, a tanta vorágine algunos protagonistas intentaron ponerle paños fríos, tanto desde el oficialismo como de la oposición, pero recibieron las negativas y las “reprimendas” de los demás involucrados, lo que a todas vistas no colabora a la solución del conflicto sobre el uso de las reservas, cuestión de la que hablamos desde el principio.No es cuestión de planteos del tipo del republicanismo ingenuo, no.La democracia debe necesariamente implicar juego de fuerzas, lucha de poderes e intereses diversos y contrapuestos. Por lo tanto, el conflicto es inherente al accionar político y es hasta saludable que si hay democracia exista de hecho ciertos niveles de conflicto.Ahora bien. ¿Cuáles son efectivamente esos niveles? ¿Cuándo un hecho social comienza a ser patológico para un sistema dado? En otras palabras ¿Cuál es el límite del conflicto?¿Es viable rechazar el pliego de una funcionaria propuesta por el PEN a quien se le reconocen antecedentes y capacidades para cumplir esa función y aún sin antes haberla escuchado?¿Es posible llevar adelante cualquier política pública si cada una de ellas es presentada como La Madre de Todas las Batallas? ¿Es posible avanzar en cualquier acuerdo si se descalifica a la contraparte todo el tiempo?No parece que el seguido sea el camino si lo que se quiere es salir de la crisis desatada.Argentina se enfrenta a un escenario poco común en su historia. Los buenos augurios económicos están siendo minados por los descalabros políticos.En particular, nada tengo que pedirle a la denominada oposición, nada me deben y nada les debo.En todo caso a quien si le pido es a Cristina Kichner. Le pido enfáticamente que haga aquello que nadie más puede hacer. Gobernar, elevarse por sobre los problemas tácticos y sumergirse en los planes estratégicos. Que este dispuesta retroceder un paso para avanzar dos, para salvar, no ya su efímero mandato, sino más bien el imaginario de un proyecto de país posible con justicia social, independencia económica y soberanía nacional.

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