miércoles, 12 de noviembre de 2008

La materializacón de la memoria

El mundo se esta musealizando y todos nosotros cumplimos algún papel en este proceso. Dentro de este proceso de musealización la recuperación de la memoria se presenta como un icono trascendental. La interpelación al pasado enfrenta a la sociedades a disyuntivas sobre como y que debe recordarse. La memoria es una construcción de memoria: qué se recuerda, que se olvida y qué sentidos se le otorgan a los recuerdos no es algo que esté implícito en el curso de los acontecimientos sino que obedece a una selección con implicancias éticas y políticas. Es precisamente la lectura histórica la que entra en juego llegado el momento de determinar que y como debe recordarse. De hecho, es en ese juego donde se disputa la legitimidad del sentido del recuerdo. El sentido del recuerdo es cortado transversalmente por el tiempo y el espacio y condicionado por las realidades estéticas y políticas del momento, es de allí de donde surgen preguntas tales como ¿Por qué ahora? El tiempo y el espacio no son conceptos absolutos y se hallan sujetos a los cambios históricos y son estos en todo caso los que determinan en última instancia que es aquello que debe ser recordado, como y donde. El tiempo y el espacio juegan un papel importante en la dinámica de la política. Por lo tanto el uso político de los espacios de la memoria son una tentación para cualquier gobierno, ya sea menospreciar o reivindicar algo o alguien pasa a depender de los requerimiento de la coyuntura (no puedo dejar de relacionar eso con el/los homenajes a Alfonsín, por ejemplo)
“Acordarse de algo es acordarse de si”, dice Ricoeur y añade:“Esta adherencia del “quien” al “que” es lo que hace particularmente difícil la traslación del recuerdo de una conciencia a otra.”

Por eso como, cuando y donde recordemos, o mejor dicho materialicemos el recuerdo (por ejemplo, en un busto) es lo que permitirá que ese recuerdo nos interpele.
El busto a Menem, no solo es legítimo por su condición de Presidente Constitucional, sino además es necesario por que hará posible que cada uno de los que participamos de una u otra forma de ese periodo recordemos siempre que hacíamos.
Las críticas a Menem son desde ya legítimas, y fundadas, pero eso es el diario del lunes. Muchos tardaron/tardamos muchos años en separarnos del menemismo.
No lo hicimos cuando el grupo de los 8, no lo hicimos cuando las primeras privatizaciones, no lo hicimos cuando la embajada, no lo hicimos cuando…., etc.
Estábamos en un estado de “encantamiento”, recordar eso nos hace reflexionar sobre el presente.
¿Saben que? El encantamiento es una cagada.